
Ahora tienen cerca de 30. Cuando fueron alumnos míos estaban en 8º, primera camada de eso que se llamó E.G.B., un engendro más que el menemismo creó con la Ley Federal de Educación, diseñada a pedido del Banco Mundial. Uno es abogado, el otro locutor, otro estudia Económicas, y hasta hay una diseñadora gráfica. Nos invitan a Claudio, su profesor de Historia allá por 1997, y a mí, a un asado en Boulogne, que de ahí son, porque de allí precisamente, y en pleno menemismo, estos pibes han podido encaminar sus vidas, lo que ya da para todo un festejo.
No hay muchos docentes en su recuerdo, y eso que cada cual salió para una escuela distinta: que el Nacional de San Isidro, que el Da Vinci, que el Sagrado, así que el convite nos hincha de orgullo. Si los vi cuatro veces en esta década y media es mucho, y fui su profesor durante un año solamente; Lengua, y un tallercito de Cine, que en un arranque de lucidez se le ocurrió a la directora de la escuela.
Lo que más sorprende de estas situaciones es que los pibes, ya no tan pibes, recuerden cosas que uno olvidó: encares de la materia, formas de comunicar los contenidos, e incluso partes específicas de una película. La chica del grupo me lo había anticipado por Facebook: "yo me sentía importante de conocer a Greta Garbo o a los hermanos Marx".
Me detengo en esto de "sentirse importante". El conocimiento escolar suele aburrirnos, dejarnos indiferentes o repelernos, pero rara vez hacernos sentir importantes. En general, los etruscos, los logaritmos y las oraciones subordinadas destruyen la autoestima, no por que se lo propongan, sino porque todo el aparato escolar, el sistema jerárquico a través del que se comunican los conocimientos tiene este objetivo jamás confesado: las cosas son arduas, son difíciles, inaccesibles y ajenas a tu mundo, pero aun así, perseguirás su aprehensión, sin preguntarte si son necesarias, si las deseás, si algún día se conectarán con algún universo de tu vida. Cumpliendo la lógica marxista según la cual las personas se cosifican y las cosas se humanizan, los conocimientos se sentirán importantes y no vos, que serás un servidor de ellos, la mucamita que los dispone en la mesa siguiendo la receta y la etiqueta del maestro.
La autoestima se regocija al "sentirse importante"; y así, una piba del Conurbano que jamás supo de Ninotschka, es feliz por el solo hecho de conocerla. Flavia, esta es Greta, Greta ella es Flavia, háganse amigas. El conocimiento debería tener esa familiaridad, la indispensable para saber que es una herramienta más en el armado del alma.
Pero la escuela no propicia estos acercamientos. El vínculo es más del estilo "Este es el desierto del Kalahari, ríndanse a sus pies, no a su majestuosidad ni a su paisaje que bien podría ilustrar una historieta de la Editorial Columba, como aquellas de 'Aquí la legíón'; no señor, que su cabeza expulse todo vuelo poético, toda asociación con la cultura popular de la que usted proviene, alumno. Estudien al Kalahari en su índice de lluvias, en el cálculo matemático de su aridez, en la mención vacía que lo vincula a tal o cual sistema geográfico, a tal o cual régimen de lluvias. Por y para ustedes hemos desangrado al Kalahari, lo despojamos de todo animal, de todo amanecer, de toda aventura, lo sacamos de la Historia, del África misma para que no tenga cercanía alguna con su población, con la miseria inducida por siglos de poder y despotismo. Temedle, alumno, experiméntalo con distancia y extrañeza y repite sin entender cada una de sus características".
Algunas conclusiones por ahora
Primera: salvo para rebajarla, a la escuela no le interesa la autoestima de sus alumnos.
Segunda: a la escuela no le interesa que los alumnos asocien los nuevos conocimientos con los que ellos ya poseen, aunque en sus folletos las privadas destilen constructivismo, es así; en su práctica real la escuela se opone abiertamente a que el pibe arme con pedazos de cultura popular, saberes sueltos y retazos de una y otra materia su propia base de conocimiento.
Tercera conclusión: a la escuela no le interesa que un conocimiento despierte pasión o malestar, más bien detesta que esos dos pesados aparezcan por la mesa familiar. La pasión y el malestar suelen pegarle silbidos insidiosos -para que vengan corriendo-, a la opinión, al criterio, a la defensa encendida de las posiciones, y la escuela no quiere eso. No quiere individuos que se empoderen, sino más bien todo lo contrario.
Cuarta conclusión: en pleno siglo XXI la escuela subestima e incluso ignora el lenguaje audiovisual. Las miles de imágenes que portan significados, disparan el deseo, la belleza y la curiosidad, son algo más que un simple recurso didáctico, aunque para la mayoría de los docentes signifique una hora libre con cuarenta pibes frente a una pantalla.
Quinta y última: De entre todas las perversiones escolares, esta se lleva el premio mayor: "el uso de las nuevas tecnologías y lenguajes audiovisuales", ese latiguillo con el que las privadas suelen encender el canto de sirena para atraer nuevos clientes, es en el mejor de los casos el recurso peor usado de todos, cuando no el menos usado.
Glosario y algo más:
Ninochtka: película de Ernst Lubitsch, de 1939, protagonizada por Greta Garbo en el papel de una agente soviética que viaja a Occidente para monitorear qué trapisondas están haciendo tres camaradas enviados por el gobierno comunista que han caído, al parecer, en desviaciones capitalistas.
En aquel tallercito de Cine me propuse que los pibes vieran algunos clásicos, sobre todo mucha comedia, y que pudieran enlazar la información recibida con aspectos políticos, históricos, ideológicos y estéticos para ir abasteciendo una linda despensa de conocimientos.
El constructivismo berreta supone que el pibe no es atravesado por saberes que en realidad lo interpelan, manipulan e influyen; así que por qué no ponerlo en guardia frente a esta realidad y que él arme su rompecabezas. Lo contrario sería dar "play" a la película y esperar que algo salga de eso (para estos hábitos, ver artículos anteriores sobre "la vuelta al mundo").
En Ninotchka están soviéticos y capitalistas, la cortina de hierro y el lujo, los espías y los aristócratas, un mundo que a veinte años de su muerte, le es completamente ajeno a estos pibes. En Ninotchka está la Revolución Rusa, Eisenstein, Hiroshima y la Guerra Fría, y por lo tanto también está el Proceso, la caída del muro y las Torres Gemelas.
Y en caso de que todo eso no esté, de que los pibes no quieran o no puedan hacer el clic para conectarlos, está el "toque Lubitsch" y Greta, nada menos que Greta, con la que una piba de Boulogne se empezó a tratar como si fuera la vecina de la vuelta.
No hay muchos docentes en su recuerdo, y eso que cada cual salió para una escuela distinta: que el Nacional de San Isidro, que el Da Vinci, que el Sagrado, así que el convite nos hincha de orgullo. Si los vi cuatro veces en esta década y media es mucho, y fui su profesor durante un año solamente; Lengua, y un tallercito de Cine, que en un arranque de lucidez se le ocurrió a la directora de la escuela.
Lo que más sorprende de estas situaciones es que los pibes, ya no tan pibes, recuerden cosas que uno olvidó: encares de la materia, formas de comunicar los contenidos, e incluso partes específicas de una película. La chica del grupo me lo había anticipado por Facebook: "yo me sentía importante de conocer a Greta Garbo o a los hermanos Marx".
Me detengo en esto de "sentirse importante". El conocimiento escolar suele aburrirnos, dejarnos indiferentes o repelernos, pero rara vez hacernos sentir importantes. En general, los etruscos, los logaritmos y las oraciones subordinadas destruyen la autoestima, no por que se lo propongan, sino porque todo el aparato escolar, el sistema jerárquico a través del que se comunican los conocimientos tiene este objetivo jamás confesado: las cosas son arduas, son difíciles, inaccesibles y ajenas a tu mundo, pero aun así, perseguirás su aprehensión, sin preguntarte si son necesarias, si las deseás, si algún día se conectarán con algún universo de tu vida. Cumpliendo la lógica marxista según la cual las personas se cosifican y las cosas se humanizan, los conocimientos se sentirán importantes y no vos, que serás un servidor de ellos, la mucamita que los dispone en la mesa siguiendo la receta y la etiqueta del maestro.
La autoestima se regocija al "sentirse importante"; y así, una piba del Conurbano que jamás supo de Ninotschka, es feliz por el solo hecho de conocerla. Flavia, esta es Greta, Greta ella es Flavia, háganse amigas. El conocimiento debería tener esa familiaridad, la indispensable para saber que es una herramienta más en el armado del alma.
Pero la escuela no propicia estos acercamientos. El vínculo es más del estilo "Este es el desierto del Kalahari, ríndanse a sus pies, no a su majestuosidad ni a su paisaje que bien podría ilustrar una historieta de la Editorial Columba, como aquellas de 'Aquí la legíón'; no señor, que su cabeza expulse todo vuelo poético, toda asociación con la cultura popular de la que usted proviene, alumno. Estudien al Kalahari en su índice de lluvias, en el cálculo matemático de su aridez, en la mención vacía que lo vincula a tal o cual sistema geográfico, a tal o cual régimen de lluvias. Por y para ustedes hemos desangrado al Kalahari, lo despojamos de todo animal, de todo amanecer, de toda aventura, lo sacamos de la Historia, del África misma para que no tenga cercanía alguna con su población, con la miseria inducida por siglos de poder y despotismo. Temedle, alumno, experiméntalo con distancia y extrañeza y repite sin entender cada una de sus características".
Algunas conclusiones por ahora
Primera: salvo para rebajarla, a la escuela no le interesa la autoestima de sus alumnos.
Segunda: a la escuela no le interesa que los alumnos asocien los nuevos conocimientos con los que ellos ya poseen, aunque en sus folletos las privadas destilen constructivismo, es así; en su práctica real la escuela se opone abiertamente a que el pibe arme con pedazos de cultura popular, saberes sueltos y retazos de una y otra materia su propia base de conocimiento.
Tercera conclusión: a la escuela no le interesa que un conocimiento despierte pasión o malestar, más bien detesta que esos dos pesados aparezcan por la mesa familiar. La pasión y el malestar suelen pegarle silbidos insidiosos -para que vengan corriendo-, a la opinión, al criterio, a la defensa encendida de las posiciones, y la escuela no quiere eso. No quiere individuos que se empoderen, sino más bien todo lo contrario.
Cuarta conclusión: en pleno siglo XXI la escuela subestima e incluso ignora el lenguaje audiovisual. Las miles de imágenes que portan significados, disparan el deseo, la belleza y la curiosidad, son algo más que un simple recurso didáctico, aunque para la mayoría de los docentes signifique una hora libre con cuarenta pibes frente a una pantalla.
Quinta y última: De entre todas las perversiones escolares, esta se lleva el premio mayor: "el uso de las nuevas tecnologías y lenguajes audiovisuales", ese latiguillo con el que las privadas suelen encender el canto de sirena para atraer nuevos clientes, es en el mejor de los casos el recurso peor usado de todos, cuando no el menos usado.
Glosario y algo más:
Ninochtka: película de Ernst Lubitsch, de 1939, protagonizada por Greta Garbo en el papel de una agente soviética que viaja a Occidente para monitorear qué trapisondas están haciendo tres camaradas enviados por el gobierno comunista que han caído, al parecer, en desviaciones capitalistas.
En aquel tallercito de Cine me propuse que los pibes vieran algunos clásicos, sobre todo mucha comedia, y que pudieran enlazar la información recibida con aspectos políticos, históricos, ideológicos y estéticos para ir abasteciendo una linda despensa de conocimientos.
El constructivismo berreta supone que el pibe no es atravesado por saberes que en realidad lo interpelan, manipulan e influyen; así que por qué no ponerlo en guardia frente a esta realidad y que él arme su rompecabezas. Lo contrario sería dar "play" a la película y esperar que algo salga de eso (para estos hábitos, ver artículos anteriores sobre "la vuelta al mundo").
En Ninotchka están soviéticos y capitalistas, la cortina de hierro y el lujo, los espías y los aristócratas, un mundo que a veinte años de su muerte, le es completamente ajeno a estos pibes. En Ninotchka está la Revolución Rusa, Eisenstein, Hiroshima y la Guerra Fría, y por lo tanto también está el Proceso, la caída del muro y las Torres Gemelas.
Y en caso de que todo eso no esté, de que los pibes no quieran o no puedan hacer el clic para conectarlos, está el "toque Lubitsch" y Greta, nada menos que Greta, con la que una piba de Boulogne se empezó a tratar como si fuera la vecina de la vuelta.
Hola:
ResponderEliminarAcabo de leer todos los posts, me resultaron muy interesantes. Creo que viene haciendo falta hace un tiempo un profundo debate sobre los objetivos y métodos de la educación (Al menos en la Argentina, o más específicamente, en las instituciones que conozco, a través de mi experiencia de alumno, docente y de observador de niños cercanos que actualmente se están formando).
El tema de los campus virtuales me suena más cercano, aunque yo dejé de dar clases antes de su aparición, con lo cual, tampoco estoy 100% al tanto de su funcionamiento, más allá de algunos comentarios de docentes que tampoco tenían muy en claro sus beneficios.
Desconocía la aplicación del constructivismo como vos lo mencionás, respecto de una novela. Me parece una aberración, como tantas otras de esas cosas que, en la teoría suenan muy buenas, pero cuando se aplican sin analizarlas demasiado, dan como resultado este tipo de frankesteins.
No sé si te llegó, pero me parece que puede ser interesante difundir un documental que anda circulando http://www.educacionprohibida.com/ que creo que un poco abre la puerta para preguntarnos qué queremos de la educación en general. Creo que el problema no se agota en al enseñanza media. El nivel superior también ha sufrido un deterioro importantísimo.
Hola, gracias, por tu comentario. Lo que básicamente se plantea en estos posts con respecto a los campus virtuales (y que puede hacerse extensivo a otras herramientas vinculadas con las nuevas tecnologías) es el uso superficial y "marketinero" que termina desvirtuándolas. En este caso en particular, creo que la docente, con buena intención pero seducida por este espíritu, plantea que los chicos formen un "campus", algo que es común en otras instituciones, y que también en esos casos, termina siendo una herramienta marketinera. Me consta que una institución de perfil industrial que sólo mencionaremos aquí por su primera y última inicial (OT) presenta un campus que al momento sólo ha traído confusión a padres,alumnos y docentes.
ResponderEliminarEl constructivismo también parece haberse convertido en una consigna marketinera, vinculada a la presunta libertad de pensamiento y de creación del niño y del adolescente, pero que a menudo acaba en aberraciones. En este caso, parecería que la intención de la docente también es que cada alumno aporte a la "construcción" e interpretación de la novela, lo que resulta un contrasentido, tal como se describe en el mismo post.
Estuve viendo el video, es un muy buen aporte. Por mi parte te sugiero las intervenciones de Josefina Semillán, una antropóloga y filósofa especializada en la temática educativa, con varios videos en youtube.